Empezamos por el desayuno del hotel: mejor, imposible (imitando el título de la peli de Nicholson)Mesas completas de manjares y una variedad inimaginable: frascos con variedades de mermeladas, semillas, confituras, yogures, leches, tarteletas dignas de la mejor pastelería, ensalada de frutas, facturas, café exquisito y varios tés a elección... trato de no olvidar nada. Y todo rodeado de hermosos cuadros...Van fotos de muestra:
Durante el día, nos dedicamos a pasear un poquito por la ciudad, caminar por la playa, ver negocios, ir al banco (¡qué se le va a hacer!) y, luego, una bella siesta con vista al mar.
Más tarde, nos reencontramos con nuestra amiga Romina. Un año (difícil) pasó entre que la conocimos y ayer. Y casi no nos alcanzan tres horas de charlas en el Balneario Coral Restó (bellísimo, junto al mar) para ponernos al día de todo lo que teníamos que conversar... Es que hay reencuentros que nos alegran la vida, que nos dejan el alma y la mente latiendo como nunca. Gracias a ella por compartir este emotivo momento. Seguramente, nos veremos con ella en Buenos Aires en un tiempo. ¡¡Qué bueno cargar con amistad el tanque de este viaje!!
Hoy dormimos con las cortinas de blackaout abiertas... ¡¡mirando el reflejo de las luces en el mar!! Y tuve la suerte de despertarme al amanecer. Con frío y todo: salí a la terraza a sacar fotos... Hasta la próxima.







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