Por eso a la mañana, después de un rico desayuno en el hotel, nos fuimos a caminar por el centro de Bahía a comprar un regalito para cada uno. Las calles estaban muy concurridas: como nosotros, otros buscaban el regalo ideal, lo que se habían olvidado, algo que se les había ocurrido. Y por esas calles, en ese momento muy calurosas, entramos y salimos de varios comercios.
Al centro de esta enorme ciudad, como en otras, le faltan árboles, pero compensa con bellísimos edificios de construcción antigua y lujosa a los que vale la pena fotografiar como la Municipalidad.
Cuando terminamos con el objetivo, nos dimos cuenta de que por la fecha tal vez, teníamos que almorzar y todo estaba cerrado después de la una. Y cuando digo todo, es todo. Fracasados en el intento de conseguir algunas empanadas, tuvimos que comer algo en el restaurante del hotel: solitario, todito para nosotros,pero de comidas exquisitas. Aquí elegí mejor yo: una increíble ensalada de hojas verdes (albahaca, nueces, parmesano, panceta y otros...) ¡Maravillosa!A la noche, pasamos momentos hermosos. Toda la familia: Ana María y Raúl, a la cabeza; Magu, Jorge y sus dos hijas (Valentina e Isabella); Jorgelina, Adolfo y sus hijitos (Paulina y Santiago); Nené... todos nos trataron con tanto amor y tanto cariño que, lejos, hacía rato que no pasábamos una fiesta tan emotiva y en familia. Vean aquí un video de esa maravillosa noche:
Nos acostamos muy tarde y con permiso del hotel, nos fuimos mucho más allá de las 10. Las alegrías, las fiestas, las ricas comidas, las emociones, las sorpresas... todo deja su huella en el cuerpo. Pero por supuesto, se superan. Así que partimos hacia Madryn al mediodía. Por primera vez encendemos el GPS que con tanto cariño nos ofrecieron José y Yanina... y ahí está, guiándonos por ahora por caminos que conocemos.
Es así como pasamos por Viedma (cargamos diesel y almorzamos livianito en una YPF), por Las Grutas (solo paramos para sacar fotos a un santuario GIGANTESCO del Gauchito Gil que planeo usar en el colegio este año), Sierra Grande y finalmente, después de las 21, llegamos a la hermosísima Puerto Madryn. Algo así como 700 km en 8 horas.
Pudimos contactarnos por teléfono con Romina, una reciente amiga con la que nos conocimos aquí el año pasado, y nos enteramos de que estaba muy lleno de turistas. Ella tenía completamente ocupados sus departamentos.
Por eso, empezamos a buscar vía Google un hotel y encontramos uno que nos gustó mucho: el hotel Pirén, desde donde escribo.
La habitación tiene algo adorable: un balcón con vista al mar.

A medida de que fuimos hacia el sur, la temperatura empezó a bajar notablemente: a la noche, hizo 15 grados, pero con viento.
Fuimos a comer (recordar para Ricardo la hamburguesa que más ama en el mundo) y a conocer la nueva costanera, con su fuente de colores.
En este mismo momento veo como los turistas de un enorme crucero, atracado en el muelle, están llegando a la ciudad en colectivos blancos, que van y vienen. El mar está típicamente calmo y gris, refleja el cielo totalmente nublado de este instante.Hace 13 grados y pronostican lluvia...
Nos vamos a desayunar...
Para ver un poco más:




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