12/1/19

Bordeando los lagos santacruceños

Antes de irnos de El Calafate, nos dimos el gusto de dar una vuelta alrededor del lago (Lago Argentino); en esta época del año, con escasa cantidad de agua. La avenida que lo rodea se llama Presidente Néstor Kirschner. Hay poca gente. Son las 11 de la mañana y el viento es muy fuerte. Vemos algunas personas corriendo, un fotógrafo con su lente potentísimo que apunta a las aves que están en el lago, una señora paseando un perrito, una chica que medita hacia la cordillera, otros dos que conversan... Hay que entender, también,que es un día laborable.


Tomamos el desayuno que no nos dieron en la hostería en una Panadería-Confitería llamada Don Luis. Tienen tres o cuatro mesitas: una está ocupada por dos casi adolescentes rubias que conversan en inglés y otra, por un trío de un hombre y dos mujeres (una con un niño durmiendo en brazos) que se ríen y charlan en francés. Alrededor de ellos, bolsos y mochilas. Por la ventana entra el sol y se ve parte del bellísimo lago turquesa.


Fue una delicia el alfajor de dulce de calafate que me comí. Ricardo, un clásico alfajor de maicena con dulce de leche, elaborado ahí mismo.
Nos fuimos a eso de las 11.30 a recorre los casi 300 kilómetros que hoy hicimos.



Imposible no para en el Parador-Estancia La Leona. Ya habíamos estado acá en el 2009 y sigue siendo tan lindo como antes, casi no ha cambiado.
Lo recorrimos por dentro, almorzamos unos tostados de jamón y queso. Nos encontramos con muchos turistas, mayoría extranjeros, pero lo más interesante fue la visita de dos parroquianos a caballo. Un poco parcos de palabras, conversamos sobre la señal de wifi (que era muy débil) y, mientras esperaban la comida, uno de ellos se puso a jugar con una cuerda y un aro pequeño.
Nos despertó mucha curiosidad y hasta Ricardo probó suerte cuando el "gaucho" consiguió enganchar. El juego es una mezcla de tiro al blanco con la sortija. En la pared, hay un tablero con un gancho (algo torcido). A distancia bien medida, cuelga del techo una cuerda y de ella, un aro o sortija de metal. Lo que se debe lograr (bastante difícil) es acertar el aro y que quede allí enganchado. Hace falta mucha paciencia...

Paseamos un rato por las afueras, es un día de sol maravilloso y hay muy poco viento. Nos acercamos a la orilla del Río Santa Cruz (tan turquesa él) y tocamos el agua. Nos pareció fría, pero menos de lo que nuestra imaginación creaba.


A lo largo de la ruta paramos en un par de miradores del Lago Viedma y de la Cordillera (el Fitz Roy, bellísimo) En uno, vimos como un compatriota corría como loco para sacarle una foto a una mulita. En otro, un zorro habituado a la gente y tan astuto como en las fábulas, nos esperaba.Sí, el animalito le había tomado el pulso a los turistas. Mientras bajaban al mirador, él se paraba y se movía y a cambio recibía algo de comida, a la par todos le sacaban fotos. Eso sí, nunca daba sus espaldas (o cola, debería poner) a ningún ser humano. Cuando se fueron todos, nos quedamos solos con él. Se echó y se puso a rascarse como un perro, pero no me dio nada de calce. Le saqué fotos, pero ni con chistidos logré que se levantara.

Fue gracioso, porque al momento de irnos, llegó una casa rodante (de esas de ensueño) con un matrimonio extranjero, que evidentemente nada entendían el español. Quisimos avisarle del zorrito, pero a mí no se me ocurrió ni por un momento cómo se decía en inglés (pensaba en Mozilla y ni eso), hasta que a Ricardo le saltó la palabra "fox" y ahí sí nos entendieron.


Pasamos por la diminuta y prolija población llamada Tres Lagos. Desde allí y por más de 100 km tuvimos que hacer la 40 sobre ripio, en bastante mal estado por tramos. Nos cruzamos con muchos otros vehículos y motos. No fue nada sencillo, pero los paisajes hicieron que valiera la pena.

Descubrimos también que una parte de la Ruta 40 tradicional fue cambiada y, para hacerla asfaltada, tomaron otra y le pusieron esa nomenclatura. Ni siquiera encontramos el lugar por dónde se conectan ambas.

A media tarde, llegamos a Gobernador Gregores. Una larga custodia de verdes árboles nos reciben. Vamos directamente a la Oficina de Informes del lugar y nos encontramos con dos jovencitas amabilísimas. Nos quedamos charlando con ellas casi una hora y terminamos a los besos. Nos recomendaron para pasar la noche la Hostería Lago Cardiel. Un lugar sencillo, pero moderno y espacioso... hasta estuvimos charlando un buen rato con la simpática nieta del hombre que tiene la concesión del lugar, cuyo apellido es Fracasso (hicimos unos chistes al respecto).



En este lugar tuvimos un pequeño percance. Al estacionar sobre la avenida San Martín de Gregores, dejamos a la camioneta sobre lo que pensamos que era un baldío y nos fuimos a la Oficina de Informes. En un momento, escuchamos bocinazos violentos... y con las chicas nos reíamos pensando que esos ruidos se parecían a los de Buenos Aires. Al ratito, veo una mujer que está agachada al lado de la rueda derecha delantera y le aviso a Ricardo. La señora quería desinflarnos la rueda porque no la dejábamos salir con su auto...¡¡enojadísima!! No la calmaron ni los pedidos de disculpas de Ricardo.
Esa noche, comimos en el hotel y dormimos bastante bien.

Para ver algo más: