17/1/19

Como en casa...

Llegar a Puerto Madryn casi es como llegar a casa.

Es domingo y hace calor. Mucha gente paseando por la Costanera y en la playa.

A las 12 del mediodía, nos encontramos frente a los departamentos de Romina.Con esa amabilidad que la caracteriza, nos recibe con los brazos abiertos y con el regalo de un descuento considerable en el alquiler de estos dos días que nos vamos a quedar. 
El departamento, como siempre, es una belleza y lo percibimos como un hogar: simpleza, buen gusto y perfección hasta el más mínimo detalle, como nos gusta tanto. Desarmar las valijas, lavar ropa... un placer.


Ricardo consigue unas exquisitas empanadas de varios sabores (muzzarela con jamón, con ananá, con nueces) y fueron nuestro almuerzo. Como aún nos pesa el cansancio, hace calor y nos encanta, nos dormimos una reparadora siesta.

Pasamos un rato por la playa y a eso de las nueve, recibimos a Romina en el departamento. Cerveza y empanadas mediante, nos pusimos a charlar de tantas cosas... hasta las dos de la mañana. 


PANCHO
Una linda sorpresa fue conocer a Pancho, el perrito de Romi, y su historia de rescate: estaba prácticamente abandonado en un refugio; desnutrido y solito, ella se lo llevó y lo salvó. Hoy son compañeros inseparables. 

Es un peluche tan bonito. 

Los que me conocen pueden pensar que me dormí... pero no, fue una conversación tan variada, profunda, tan en concordancia estamos los tres... que no sentí ni por un momento el paso de las horas.







Al día siguiente, como es lunes aprovechamos para ir a los bancos (aquí sí están los nuestros) y caminar un poquito por el centro. Compramos algunos regalitos para llevar a Buenos Aires y otros gustitos para nosotros.

Hoy es un día muy ventoso, demasiado para mí. Entonces aprovecho para hacer "casa". Necesito sentirme en modo "hogar" y eso hago. Mientras tanto, Ricardo también cumple su deseo de lavar la camioneta. Hasta este momento, solo se llenó de polvo de los más variados caminos (tantos kilómetros de ripio dejan todo blanquito) y con la buena onda de un vecino, con baldes (está restringido en determinado horario el uso de agua) pudo dejarla como le gusta a él. Una pinturita.

Compramos helado en la Heladería Del Viento (calidad nivel Dios) y compartimos una cena exquisita preparada por Romina, en su bellísimo departamento. El buen gusto y su profesión prima por sobre cada detalle: ingenio y hermosura. 



Lo mismo sucede con la comida: se ha tomado el trabajo de elegir cada elemento de la comida con la intención de que volvamos a sentir que estamos en nuestro hogar: arroz, palta, langostinos, ensaladas, cerveza... ¡¡es cierto la vida es bella!! A esta receta de "momento especial", hay que ponerle el mejor de los ingredientes: una conversación que va desde el alma, con mil gramos de sentimientos, emociones y pensamientos positivos. 

¿De qué hablamos tanto? Viajes, dolores, alegrías, duelos, creencias, elecciones, luchas, emprendimientos, complejidades, salud, valores, maravillas de la vida... de todo. Después del postre (helado de exquisitos sabores), tuvimos que poner punto final a la noche: mañana es lunes, Romina trabaja y nosotros emprendemos el regreso a la ruta.
¡Qué sentido especial le da a todo cuando uno se encuentra con seres que combinan tan bien con nuestra alma!

Nos despide con mucho cariño y la promesa de un asado, la mamá de Romina que es tan cordial como ella. Nos encantaría volver... Un enorme agradecimiento para toda esta linda familia.

Mañana: a Monte Hermoso... nos esperan más de 700 kilómetros de emociones.