6/1/19

Por la Ruta 3... hasta el fin

Hace seis días que no me conecto y tengo tanto para contar...


Lo primero que quiero aclarar es que de Puerto Madryn salimos muy felices: el encuentro con nuestra amiga Romina, el sol, la mar, el hotel... Todo fue inolvidable.

Pero volvimos a la ruta... y nos dimos el gusto de parar (antes de llegar a Trelew) a sacarnos fotos con el dinosaurio más grande del mundo: una réplica de un titanosaurio (tiene 40 metros de largo, 20 de altura y un peso de 16 toneladas... de otra forma, ¿cómo podría soportar los vientos patagónicos, no?)


Después de esta experiencia casi infantil, nos lanzamos nuevamente a la Ruta 3 con la íntima sensación de haber viajado en el tiempo... (menos mal que no viven hoy). Pasamos el lugar hasta donde conocíamos la ruta 3: Punta Tombo y seguimos hacia el sur... La ruta se vuelve más variada: llanos y montañas alternan el paisaje, subimos y bajamos por lomas suaves a veces, empinadas otras.


LLegamos al mediodía a Comodoro Rivadavia, dimos vueltas por sus calles, llamamos a los hoteles, fuimos a la Dirección de Turismo y terminamos decidiendo seguir adelante. Es una ciudad extraña, sus calles y avenidas están entremezcladas con montañas bajas, de arcilla verde claro... Improvisando y dejándonos llevar por la intuición, nos fuimos.

Hay aquí un tramo de la ruta 3 muy especial y original: por un largo tiempo, estuvimos a la par del océano. El camino bordea un acantilado y se ve el mar bien azul de la Patagonia. Es realmente bello.

A pocos kilómetros (algo más de 70), ya cruzando a la provincia de Santa Cruz, nos hospedamos en el Hotel Robert de la ciudad de Caleta Olivia, más parecido a un pueblo grande, algo abandonado, pero con ganas de brillo y orden. Caminamos por las calles céntricas y comerciales: locales amplios, variados, sencillos. Hay muchas inscripciones en las paredes, muchas contra los femicidios, la trata de personas, el acoso sexual, el aborto. Nos sacamos fotos con el Gorosito: un enorme monumento al obrero petrolero, que es algo así como nuestro obelisco. Allí se reúnen sus pobladores para festejar o para protestar (esta última razón debe ser más frecuente, por lo que se ve). Cenamos con sol a las nueve de la noche, en un restaurante del centro, milanesas a la napolitana (caras, ricas, poco saludables). 


Para ver algo más: 





Antes de irnos, recorrimos su costanera y las playas (de piedra, sucias, poco aprovechables) cercanas al puerto. 
(Un paréntesis del viaje: el yogur del desayuno me cae muy mal, me descompone y tuve que hacer dieta y descanso extra para recuperarme.)
Nuevamente a la ruta... Ah, me olvidaba de un detalle: todo el tiempo nos cruzamos con guanacos silvestres. Están en grupos, al costado de la ruta. Son hermosos, pero también presentan un serio peligro: se cruzan constantemente. Nos pasó dos veces, por suerte son tan miedosos que con unos bocinazos se corren, pero... hay que estar muy atentos. También vimos perdices y ñandúes.





Llegamos a Puerto San Julián. Una ciudad pequeña, hermosa, prolija, pintandita... con muchos bulevares anchos (parecen pistas de carreras) Nos alojamos en el Hotel Bahía, lindo y moderno, allí sobre la avenida principal.



Por todos lados está el recuerdo de Las Malvinas en este lugar: hasta el Jardín de Infantes (lindo, colorido,lleno de juegos) se llama: "Pilotos de Malvinas")

Visitamos la réplica de La Victoria, uno de los cinco barcos de la primera vuelta al mundo realizada por Magallanes y Elcano. Además, completan el relato de lo sucedido en este museo con muñecos y objetos que representan esa historia. La guía nos fue relatando la historia, lo completó con un audio dramatizado y recorrimos la nave. Lástima el viento frío que en cubierta no nos dejó tranquilos, pero aún así, estuvo muy interesante.

Recorrimos la costanera, peladita y sin playa, pero rodeada de casas bien patagónicas (viejas y nuevas) de chapa y un "mirage" de la Fuerza Aérea que combatió en la Guerra de Malvinas.

Cuando queremos pagar, tenemos ahí un problema con el posnet, pero lo solucionan mandándonos a pagar al Supermercado La Tostadora Moderna (créanme, así se llama) que es del mismo dueño que del hotel. Qué seguros de nuestra honestidad.
Nos vamos de Puerto San Julián con una linda sensación.



Y por hoy, basta... Ya estamos en Río Gallegos y hay mucho para contar.

Para ver un poquito más: 

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