Con mucha decepción, elegimos cambiar el rumbo. El brote del hantavirus, con sus sucesivos decesos, en la zona de Esquel nos hace pensar sobre dos aspectos: uno, el peligro de un posible (aunque no tan sencillo) contagio del que podríamos ser víctimas; dos, el hecho de que todos los eventos turísticos de una amplia zona relacionada con el virus se hayan anulado y que las personas les estén dando de baja a sus reservas, nos hace más difícil continuar.
Decidimos llegar hasta la localidad de Tecka por la ruta 40 y volver hacia la costa, es decir, a la ruta 3. Nos da mucha tristeza suspender el sueño que teníamos de llegar a conocer y disfrutar de El Bolsón, Bariloche, Villa La Angostura, San Martín de los Andes... pero aún así creemos que es la mejor idea, seguiremos disfrutando de otros lugares antes de volver a casa.
Saliendo de Gobernador Gregores, retomamos la ruta 40 (la nueva) por la avenida principal que (como tantas otras) se llama San Martín. La idea es visitar la Cueva de Las Manos. En el mapa, parece como un camino de ripio que se toma desde la 40.
Antes de llegar allí, conocemos lo que en el mapa lleva como nombre Bajo Caracoles: es una parada para cargar combustible, una hostería, una especie de almacén de ramos generales y pequeño comedor. Lo que más me gustó de este lugar fueron sus surtidores llenos de calcomanías de ruteros.
El camino hacia la Cueva de las Manos no es nada sencillo: el ripio es desparejo, una buena parte es además camino de montaña y realmente, aquí valoramos mucho el manejarnos con una camioneta. Nos cruzamos con muchos turistas, en autos particulares o en vans de agencias. Siempre, siempre, donde vayamos hay extranjeros.
La Cueva de las Manos es un sitio arqueológico de pinturas rupestres, que se encuentra en el maravilloso cañadón del Río Pinturas. ¡Qué lugar espectacular! Se siente tanta emoción...
Estas pinturas rupestres fueron originalmente descubiertas por el admirable Perito Francisco Pascasio Moreno, en el año 1876. Desde el año 1999, la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad. Hoy está controlada y cuidada, porque en otros momentos recibió la agresión de ignorantes que las pintaron y destruyeron. Ay, qué imbéciles, ¿no?
Cada media hora ofrecen una visita guiada. A nosotros nos tocó una chica que tenía muy bien estudiado el discurso que debía dar, con amabilidad cuidada, respondió cada pregunta que le hicimos. Como en nuestro grupo había dos extranjeros, ella le dedicaba un espacio especial en inglés al terminar las explicaciones en español.
Retomamos la ruta 40 con la ilusión de poder alojarnos en el pueblo de Perito Moreno y al día siguiente, conocer Los Antiguos. Pero no pudimos.
Al llegar a Perito Moreno, fuimos a la Secretaría de Turismo y nos informaron que no había ningún alojamiento libre (ni una camita) y mucho menos en Los Antiguos porque había empezado ayer la Fiesta Nacional de la Cereza. Después nos enteramos de que ese mismo día, cantaba el Chaqueño Palavecino en el evento... ¡¡qué íbamos a conseguir!!
Decidimos, antes de irnos y ya que solo habíamos almorzado unas galletitas y un turrón, merendar y de paso conocer el histórico Salón Iturroz. Este bar es realmente hermoso: un museo de fotografías, antigüedades, recuerdos de la región. Una señora muy amable lo atiende: fue tan buena onda con nosotros que hasta llegó a reiniciar el wifi para que nosotros pudiéramos conectarnos. Tomamos la merienda, aprovechamos para avisar a los amigos nuestra decisión de cambiar la ruta y le compramos algunas recuerditos del lugar.
¡¡Y a la carga!! Nuevamente a la ruta, con el atardecer a nuestras espaldas y la ruta 40 por delante... Después de las 10 horas, llegamos a Río Mayo. A oscuras, desierto, fresco... elegimos (agotadísimos) un hotel (el que desde afuera parecía mejor) y pedimos alojamiento.
Río Mayo tendrá una fiesta muy importante en los próximos días: la Fiesta Nacional de la Esquila. Eso explicaría por qué hay tantas camas para alojar turistas, a pesar de lo pequeño como es.
Eso sí: teníamos que cenar algo antes de caer exhaustos sobre la cama. En frente del hotel, está el comedor-rotisería "Lo del gordo": allí nos sirvieron una espantosa pizza de muzzarella, mal hecha con prepizza y un queso sin sabor. Nos rodeaban extranjeros (una familia de tres franceses con estilo "hippie") y parroquianos, mientras escuchábamos unas tres o cuatro canciones del Chaqueño. Por favor... ¡¡la cuenta!!
Fin de un día de recorrido en camioneta de 452 kilómetros (buena parte en feo ripio), es decir: casi 8 horas y media, según el GPS del celular. Uf.
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