Salimos de Buenos Aires el sábado 29 (ayer) un poco más tarde lo que planeamos, después de las 14 horas. Estábamos abrumados por lo mucho que hubo que guardar en la camioneta o hacer en el departamento antes de abandonarlo.
Por suerte, nuestro querido amigo Raúl nos despidió con una sonrisa y la buena onda de siempre: él será desde ahora nuestro contacto-base en Buenos Aires.
El viaje por la ruta 3 empezó con llovizna, siguió con sol... pero la cosa se puso lentamente brava al atardecer.
Cuando pudimos tomar conciencia de la tormenta que se estaba avecinando, decidimos con mucho acierto pasar la noche en un hotel de Tres Arroyos: el Hotel Elegance.
Nos registramos un poquito después de las 20 y al ratito, se largó una tormenta de lluvia, truenos y viento muy fuerte. Asustaban los carteles y las banderas tambaleantes... Por suerte, la habitación del hotel era muy cómoda y la comida del restaurante, rica (más el plato elegido por Ricardo: bife de costilla con puré)
Nos despertamos varias veces a la madrugada, pero dormimos muy bien en general. Luego de desayunar, partimos hacia Pehuen Có, un balneario que está más al sur de Monte Hermoso y que desconocíamos.
Recorrimos varias de sus calles (conocimos la Casa Barco y la Casa Molino) y seguimos viaje hacia el sur.
En Bahía Blanca, nos esperaban los Sánchez. Los sorprendimos con nuestra presencia ayer al llamarlos por teléfono. Para mejor, también estaban algunos de los neuquinos: Nené, Jorgelina, Adolfo y los hijos de ambos. Charlamos con Raúl y Ana María y todos los demás durante horas, con mate, té y torta de por medio. Se sumaron más tarde María Eugenia y sus hijas.
A la noche, nos hospedamos en el Hotel Argos desde donde estoy ahora escribiendo... agotada por todo lo que en apenas horas hemos hecho.

