28/1/19

Un paseo por el horno

¡¡Y nos tocó Bahía Blanca!! Una ciudad enorme, con gran flujo comercial, pero... llegamos con casi 40 grados de sensación térmica y nos quedamos un sábado y un domingo. Parece una ciudad desierta...




A primera hora de la tarde, nos instalamos en el hotel. Amabilísimos los jóvenes que trabajan en el Argos: nos ayudaron mucho con todos (sí, todos) los bártulos de la camioneta. Tuvimos que sacarle todo porque (he aquí el motivo principal de nuestro paso por Bahía) tenemos que hacerle el "service" obligatorio a la camioneta por alcanzar los 20.000 kilómetros y no perder la garantía de la fábrica. 

Muy cordialmente, un joven con carita adolescente me acompañó hasta la habitación y dejamos las valijas, las mochilas, los bolsos, las reposeras, la mesita, las bolsas, las cajas, etc. etc. para que yo las acomodara en un enorme placard. Por suerte, no fue tan difícil en esos transportes que tienen de cañitos de bronce.

Ricardo se fue a lavar la camioneta (Raúl y Julián tenían razón: ningún lavadero estaba abierto un sábado por la tarde) con el sistema de autolavado y fichas que Magu nos recomendó. Mientras él se dedicaba a estas faenas, yo me recosté a mirar una peli en la habitación. ¡¡Hacía mucho calor!!

Después de descansar un buen rato, nos fuimos a cenar a una cervercería llamada Don Tomás, que queda en la hermosa avenida Alem (recomendación que hemos tomado de Ana María). 


Curiosidades que encontramos en Bahía Blanca

Una curiosidad: una pareja de novios se estaban sacando fotos con el Teatro Municipal de fondo en el comienzo de la avenida. Ella además simulaba para el fotógrafo que estaba tirando el ramo. Me sorprendió y yo le saqué una foto con el celular sin que se dieran cuenta. ¿Querría desparramar su felicidad matrimonial a lo largo de la acera?



Todo el domingo teníamos por delante para descansar, así que salimos del hotel para almorzar y caminar un poco.Elegimos hacerlo en una confitería-restaurant que encontramos en una esquina de la plaza central, llamada "Piazza", muy linda y moderna. Allí nos pasó algo insólito: un señor de raro aspecto se sentó al lado de nosotros y se puso a insultar en inglés, segundos apenas. Eso solo me bastó para pedirle a la moza un cambio de mesa. ¿Soy miedosa? Puede ser que sí, pero me considero más que nada precavida: no quiero pasar malos momentos.



Caminamos un rato por las calles desiertas de Bahía, admirando algunos edificios maravillosos con los que nos cruzamos, pero el calor nos metió "de prepo" nuevamente en el hotel, para estos momentos nada mejor que el fresco aire acondicionado. Por supuesto, cenamos en el restaurante del hotel.


A la mañana siguiente, 8.45 teníamos el turno para entregar la camioneta y nos la devolvieron después de las 11. Ricardo volvió caminando, ubicó el negocio que había sido de Raúl y luego la fue a buscar. Todo ese tiempo estuve en la confitería desayunando y tomando riquísimos cafés con leche.

El ex-negocio de Raúl
Cargamos la camioneta nuevamente y a eso de las dos de la tarde, salimos hacia Sierra de la Ventana.

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