27/1/19

El regalo del corazón

Antes de abandonar el relato de Monte Hermoso, merece una entrada principal el amor de las personas con las que compartimos esos días.

Especialmente, Raúl (primo de mi suegra) y Ana (su esposa) son dos seres amorosos, nacidos y residentes en Bahía Blanca, que nos han tratado, como siempre, con mucho cariño. Claro que esta vez estuvimos mucho tiempo solos para compartir.

Ellos son un matrimonio de muchos años, con tres hijas mujeres adultas (primas de Ricardo) con el que tenemos una afinidad en común (hoy poco común): nos gusta conversar de todo y escuchar con interés lo que el otro tiene para contar. Es así como nuestros encuentros solo tuvieron fin porque nos echaban de los restaurantes (nos pasó una noche en La Aldea Restó, del Barrio del Este) o porque la conciencia de la hora se impuso. Nos habíamos propuesto jugar a las cartas, pero no hubo tiempo (¡¡créanlo!!) porque ...mate, café o té de por medio, no pudimos dejar de conversar. 

Ana es una persona de gran corazón. Con su gigantesca (si se pudiera medir) empatía, me demostró en cada abrazo y en cada beso, como casi nadie, que comprendía mi ausencia de mamá. Ella trató de todas formas de compensar ese vacío que ni las vacaciones, ni las geniales compañías, pueden suplir. Eso, para mí, tiene un valor incalculable.


Raúl es el "partenaire" ideal: sus conocimientos sobre todo, su interés por aprender y su exquisito humor nos hizo disfrutar cada momento que pasamos juntos. Una curiosidad: no tenemos casi fotografías de esos momentos. Cuando uno está tan bien, tan en coordinación con el alma, no se piensa en otros términos más que del goce propio.


Con el paso de los días, se sumaron más gente de la familia: Mariana, Julián y sus tres hijos varones (Tomy, Nicolás y Matías); Magu, Jorge y sus dos hijas mujeres (Valentina e Isabella). Ahí empezó el ruido que produce la felicidad: todo es abrazos, risas, juegos, corridas, pelotazos, palabras, caricias, besos...

La foto clásica de cada verano en Monte Hermoso


Como el 23 fue el cumple de Mariana, lo festejamos como otros años pero esta vez no se pudo en la playa (por el viento fresco). Sin ningún problema se armó la fiesta, primero en el jardín de entrada; después adentro. ¡Qué lindo es estar así, felices en familia! La homenajeada lo sabe y su cara lo refleja. Por supuesto que Mariana sopló las velitas, le cantamos el "feliz cumple" pero... no se puso la "coronita", creo que a Ana la distrajimos tanto que se olvidó del folklore cumpleañero montehermoseño, uf, qué trabalenguas. Se sumaron también al festejo los papás de Jorge, que además son vecinos.


También con los chicos jugamos un buen rato a "Preguntados" y me sorprende algo que luego se los comento a Ana y a Raúl: la competencia amorosa entre los hermanos. Ninguno trata de ganar sobre el otro; por ejemplo: el que leía la pregunta buscaba la que suponía que su hermano o primo contrincante sabía la respuesta. Es más: nunca importó mucho quién fuera el primero en ganar; lo interesante fue conocer qué sabíamos de distintos temas. Me encantó ese estilo sano de juego... cuánto habla de lo que somos los juegos de mesa. 


Con los adolescentes, quizás por oficio, tenemos más afinidad: con Tomy nos dimos unos abrazos mágicos (no conocía a nadie que le encantara abrazar como a él) y con Valentina (que es más tímida), también. Con las primas pudimos charlar un montón y nos pusimos al día después de tanto tiempo. 



El 24 de enero, nos visitaron Ernesto y Claudia. Almozamos juntos en La Aldea Restó y después, fuimos a compartir la merienda a la casa de los Sánchez. Ese día fue el más caluroso de toda nuestra estadía de Monte Hermoso. Tanto fue así, que los chicos disfrutaron un rato de la playa, pero se volvieron por miedo a las aguasvivas, que nunca aparecieron... ¿realmente se extinguieron o no? Pero cuando se siente el viento cálido del norte, todos las temen aún.



Lo cierto es que amamos encontrarnos con la familia Sánchez cada verano que podemos pisar la tierra que le recuerda su feliz infancia y adolescencia a Ricardo y también a mí, hermosos momentos.


¡¡Los queremos muuuuuuuuucho!!


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