Elegimos un hermoso hotel: el Libertador. Una habitación muy espaciosa y de buen gusto nos dan el marco para un descanso, no solo del cuerpo; también necesitamos no tener que cerrar, revolver y cargar valijas, bolsos y mochilas cada noche.
El día que llegamos (21 hs) solo queríamos comer algo que no fuera pura harina y dormir. Así lo hicimos: ensalada, cerveza y estirarnos en una enorme cama de dos plazas dentro de blancas y suaves sábanas fue como el paraíso.
El desayuno del día siguiente (sábado) fue asombrosamente rico y variado. Trato de optar por algo sano e incorporo por primera vez una ensalada de frutas. Me siento mucho mejor.
Como tenemos que resolver el tema de la revisión de la camioneta (estamos a punto de llegar a los 20.000 kilómetros y no queremos perder la garantía de fábrica), visitamos una concesionaria Ford: nos atienden muy bien (tres empleados: dos de ellos varones sacados de una agencia de modelos) y nos explican algunos datos que no conocíamos. Lo importante: los turnos son de una semana a otra. Ahora sabemos que tenemos que armar una estrategia porque hay, sí o sí, que hacerlo antes de llegar a Buenos Aires.
Al salir de allí, nos comimos dos helados exquisitos de Freddo. Nos compensamos: lo dulce es imprescindible.
Esa tarde, en la habitación, con un wifi de primer nivel, después de una regia siesta de dos horas, resolvimos varias situaciones: nuestra amiga Romina nos ofreció pasar las siguientes dos noches en Puerto Madryn en un departamento de su complejo, reservamos una semana en Monte Hermoso y de allí, podríamos hacer la revisión de la camioneta en Bahía Blanca. Parece que no, pero logramos definir estos días que nos quedan antes de volver al infierno de Buenos Aires.
Felices, salimos a disfrutar un poco la noche de sábado de Trelew. Pasamos un rato para conocer el Casino (está a poquitas cuadras del hotel). Me voy contentísima: jugamos apenas $100 cada uno; yo le gané $25 en una de las máquinas tragamonedas; Ricardo apenas pierde $50 y lo bueno es que nos entretuvimos un rato.
El empleado del Casino que nos dio el dinero nos bromeó, nos dijo que estaba preocupado por nosotros, de que nos convirtiéramos en adictos al juego... Nos reímos un rato haciendo chistes al respecto. ¡¡Gran pérdida para la institución!!
De allí, fuimos a comer unas ricas empanadas de jamón y queso al mismo lugar en el que, durante nuestro viaje con José y Yanina, habíamos almorzado en ese momento: tartines. La onda de las camareras y del lugar, excelente.
Al día siguiente, desayuno mediante, guardamos nuestros "petates" y salimos rumbo a Puerto Madryn. Antes de esto, recorrimos la plaza central de la ciudad y pasamos por una farmacia a comprar algunas cositas que nos faltaban.
Al pasar por el frente del Diario El Chubut, nos encontramos con estas figuras y nos sacamos fotos. Son las mascotas del diario: su suplemento infantil, Club Chubutín, tiene como representante a Chubutín y su mascota, el pingüino.
La Plaza Independencia (hace poco remodelada) es hermosísima: llena de árboles, todo limpito, prolijito, ordenado. En el centro, tienen una glorieta, llamada Kiosko del Centenario, que no puede ser más bella. Le sacamos muchas fotos porque debe ser el orgullo de la ciudad. Alrededor de la plaza, hay viejas casas de madera de una construcción muy original, pero no están tan bien cuidadas.
Algo que nos llamó mucho la atención fue el espacio dedicado a los artesanos: puestos de metal y madera, con electricidad, fijos, bien armados. Nos alienta a creer que allí se valora el trabajo artístico de la gente.
Hay también una placa, digamos "curiosa", en la que se lee que homenajean a un intendente (no recuerdo el nombre) que fue reelegido tres veces y que ha hecho mucho por la ciudad en los últimos años. Insólito tratándose de un político.
La impresión general de Trelew es que, como el resto del país, no está pasando por su mejor momento. Leemos por todos lados reclamos: de justicia, contra el machismo, de pérdida del empleo, de pedidos por que no se cierren escuelas rurales, entre otros. Da la apariencia de una población combativa. Pero, como siempre aclaro en este blog: son impresiones, nada más que eso.






Seguro el intendente hizo su propio homenaje. No sería nada raro...
ResponderEliminarPareciera que no, porque ya había terminado su mandato. La verdad es que esa plaza central de Trelew era una belleza y estaba todo sumamente cuidado.
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