14/1/19

Sorpresa: El Valle de Los Altares

Llegó el día de mayor esfuerzo (y locura): hicimos en un día 743 kilómetros, en 9 horas de viaje por las rutas 40 (hasta Tecka) y por la ruta 25 hasta Trelew.

Salimos de Río Mayo a las 10.30, con los termos llenos y el desayuno (dos facturas) en un paquetito. La Ruta 40 es hermosa por dónde se la mire... paramos algunas veces a sacar fotos y a estirar las piernas. Como todo este tramo (no es el tradicional) está asfaltado, podemos disfrutar mirando las maravillas del paisaje. 



Pasamos algunas estancias o parajes perdidos en la nada y pasamos por Gobernador Costa. En cada YPF que nos cruzamos, cargamos combustible; a pesar de que no falta, es un buen consejo que seguimos a rajatabla.

Llegamos a Tecka y, con mucha desilusión, dejamos atrás la ruta 40. Tenemos la certeza de que volveremos a pisarla y conoceremos en otro momento la zona de Esquel hacia el norte. No ahora.
Tomamos la ruta 25, que cruza desde la cordillera hasta la costa (ciudades de Trelew y Rawson) de la provincia de Chubut. Consideraciones generales: buena parte de esta carretera está en malas condiciones. Cada tanto aparecen carteles que advierten acerca de la existencia de baches y deformaciones. Nos preguntamos qué tan difícil es arreglarla de una vez y no ocuparse de poner tantos carteles. En fin, hay cosas que pasan en nuestro país que es una constante: somos políticamente desastrosos.

Lo que nos sorprendió es que al llegar casi en la mitad del camino a Trelew, nos encontramos con el Valle de Los Altares. Son algo así como 280 kilómetros que la ruta bordea y se mete dentro de estos bloques de piedras enormes y coloradas, con formas maravillosas. 




Son farrallones naturales, de colores cobrizos, formadas por piedras de diferentes formas y tamaños (algunas asustan por cómo están colgadas) que rodean el río Chubut con su color turquesa.



Por momentos, nos hace recordar otra ruta que nos encanta y que tuvimos la suerte de conocer hace unos años atrás, la Quebrada de las Conchas en Salta (camino a Cafayate). Emociona ver esa magia que la naturaleza nos regala para nuestros ojos...

Paramos un montón de veces, bajamos de la camioneta y sacamos muchas fotos. 
Pasamos por el Dique Ameghino, Dovalon y Gaiman, hermosísimos parajes que ya habíamos visitado el año pasado.

Cerca de las nueve de la noche, llegamos a Trelew y nos hospedamos en el Hotel Libertador, una belleza. Comimos algo y, agotadísimos, nos tiramos en la cama... ¡¡necesitamos descansar después de tanto viaje!!

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