En esta ciudad tan hermosa, nos esperan también amores: nuestras sobrinas, Chechu y Agustina, sus parejas y nuestro bonito sobrino nieto: Salvador.
Como son días de trabajo, les mandamos un mensajito y dejamos que ellas nos digan cómo y cuándo encontrarnos. En seguida, Agus nos invita a tomar mate y, más tarde, a comer unas riquísimas pizzas hechas por ella misma. Un rato más tarde, llegó Chechu. Por suerte, Matías, su pareja, la reemplazó en su negocio para que ella pueda venir a cenar con nosotros. Lucas, el papá de Salva, llegó tan cansado que se quedó dormido junto a su hijito. Sumemos a todo un calor agobiante que no es nada común por estos lares.
Aprovechamos para ponernos al día con un montón de temas y, por supuesto, para contarles algo de este hermoso viaje que es la concreción de un viejo sueño nuestro.
Al día siguiente, fue la cena de despedida. Esta vez se sumaron a la cena Salva y Lucas, más descansados, y comimos unas exquisitas empanadas que llevamos nosotros, de un lugar que nos recomendó Chechu, La Fattoria.
El jueves 30, después de un exquisito desayuno, aprovechamos para pasear un rato: nos fuimos al Cerro Centinela. El calor es tan agobiante que cuesta muchísimo subir (más con mi problema del pie), pero aún así llegamos hasta la piedra. Lo típico pasó: no solo nos sacamos las típicas fotos que verán a continuación, sino que les sacamos a muchas personas fotografías de recuerdo. ¡Cómo nos gusta esto!
En el camino, nos metimos en una pulpería de excelente ambientación. Estuvimos un largo rato conversando con una mujer joven, dueña del lugar. Nos contó cosas muy interesantes, como se las arreglan con el agua y con la energía. Lo gratificante: cuando nos despedimos, nos comentó qué hermosa conversación habíamos tenido. Eso me hace muy feliz.
La hora del almuerzo nos encuentra en este lugar, pero sin hambre. Ricardo se come un rico sandwich de jamón crudo y compartimos una masa dulce con muchas frutas secas. Tengo más sed que cualquier otra cosa en este mundo: qué calorete.
A la tarde, nos quedamos en el apart. Dormimos (disfrutando del indispensable aire acondicionado) una siestita y luego... ¡¡a la pile!! Hasta nos dimos el gusto de tomar la merienda en la cómoda terracita que tiene la cabaña.
Los empleados del apart son muy amables; la gente que está como nosotros alojadas acá, muy simpáticas. Es más: nos hicimos de una amiguita, de nombre Catalina, que le encantaba la pileta y jugó mucho con nosotros y los flotadores. Tenía una facilidad muy grande para conversar...
Lo único negativo fue encontrar a la mañana un choquecito (bastante profundo, justo sobre el vinilo de la guarda pampa) en la parte lateral de la camioneta en el estacionamiento del hotel. No estuvo bueno.
A la mañana siguiente (viernes 31), después del desayuno, nos fuimos a la casa de quesos que nos recomendó Agustina (es su cliente), pero como no estaba abierto aún, dimos una vuelta y luego, le compramos varios pedazos de quesos (¡¡nos encantan!!) para llevarnos a casa.
Dimos vuelta por el centro (saqué fotos en la bellísima plaza del Centro), subimos hasta el hermosísimo Castillo Morisco (casi nos quedamos a almorzar ahí, pero no tenían productos necesarios para las ensaladas que ofrecían) y subimos hasta donde está el fundador de Tandil, Gral. Rodriguez.
Antes de irnos, hicimos algo que siempre nos quedaba sin hacer cada vez que visitábamos Tandil: fuimos a comer a Época de quesos, un lugar turístico y muy particular. Se trata de un rancho, edificado en 1860 y hoy es Monumento histórico, la única esquina sin ochava de la ciudad.
Dentro funciona un almacén de quesos y fiambres muy especiales, y en los distintos cuartos internos y patio, un restaurant. La decoración es abrumadora, llena de objetos antiguos y coloridos. En el fondo del patio, hasta tienen un gallinero bien al estilo de principio de siglo XX. Es como viajar hacia el pasado.
Comimos dos sándwiches, que no pudimos terminar, grandes y riquísimos... y nos quedó esa sensación de aquí se terminó todo...
Cargamos gasolina y nos lanzamos a la ruta con un raro sentimiento de "Qué bueno estuvo todo lo que vivimos" con "Ufa, tener que volver...".
Pero así es: como decía Vox Dei..."todo concluye al fin, todo termina..."







Hermoso viaje verdaderamente!!!los felicito.
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